Las siete vidas de Mariana Romero
“Quiero retirarme en el campo”, dice la jugadora venezolana del CRAT, que hoy vuelve tras romperse tres veces el cruzado en cinco años

Cuando hace un año la rodilla de Mariana Romero (Venezuela, 1995) hizo crac algo se quebró a la vez en su interior. No era fácil asumir que lo mismo le había pasado tres veces. En 2020 la jugadora del CRAT se rompió el ligamento cruzado anterior de la derecha. En 2024 fue el cruzado posterior de la izquierda. Y en 2025, cuando volvía a pisar el césped y a sentirse jugadora, otra vez ese maldito sonido inconfundible: cruzado anterior y posterior del menisco externo de la derecha. La retirada pasó por su cabeza. Pero lo bueno de haber tocado fondo es que se sabía el camino de vuelta. Su esfuerzo y positivismo, su amor por el rugby y sus ganas de decir adiós en el campo y no fuera de él le dan otra prórroga, como un gato gastando otra de sus siete vidas. Este domingo vuelve once meses después en el momento en el que más la necesita su equipo, colista de la Liga Iberdrola y que hoy recibe al Sant Cugat (Campus Elviña, 11.00 horas).
“Estoy un poco nerviosa. Pero evidentemente con muchas ganas de volver, de estar con mis compañeras y de hacer lo que más me gusta, que es jugar al rugby”, dice Romero. Hace unos meses no se creería que iba a llegar hasta aquí. “Me planteé dejarlo muchas veces”, reconoce. Su carácter no es de rendirse tan fácilmente y un balón con forma ovalada terminó por eclipsar esos pensamientos. “Quiero retirarme en el campo. Es que me gusta muchísimo el rugby”, dice, “lo vivo con intensidad, me mueve y quienes me conocen saben lo que doy por este deporte, el amor que le tengo”. Aunque este parezca reñido con sus maltrechas rodillas. “Sé que es un deporte de contacto, en el que hay muchas lesiones”, asegura. Así que el miedo está ahí. “Sé lo que me juego y asumo el riesgo de una lesión leve. Eso no me importaría. Pero otra de un año de recuperación… Creo que me rompería por dentro”.
Vuelve, cuenta, siendo una persona diferente porque “una de las mejores cosas” que le ha dado la experiencia es que le ha hecho “crecer como persona”, aunque de momento no está en el punto de anteponer su salud al deporte. “Por eso sigo jugando”, apunta. Tendrá mucho trabajo sobre el césped porque el CRAT solo ha ganado un partido, marcha último, en puesto de descenso, y necesita remontar al menos un puesto para por lo menos jugarse la permanencia en el play out, como la temporada pasada. “Es un año de transición y ahora mismo estamos un poco de capa caída, pero creo que va a ser buena la vuelta de las vacaciones. Estamos con ganas y la segunda vuelta va ser mejor”, valora.
Con el corazón en Venezuela
Aunque su vuelta ocupa gran parte de su tiempo, Mariana Romero no puedo quitar la vista de lo que está ocurriendo en su país, Venezuela, siguiendo muy de cerca los acontecimientos. “Yo estoy muy feliz”, dice tras pensárselo un poco. “Desde aquí es más fácil decirlo, porque estoy lejos. Pero es que yo nunca he vivido fuera de una dictadura y ahora se respira un poco de libertad. Y eso a mí me tiene supercontenta”, añade. “Las consecuencias”, señala, “no se van a saber hasta que pase un tiempo, pero lo que pido es que la gente nos entienda y se ponga en nuestra piel, porque vivir en una dictadura es muy duro, muy duro, y agradezco que mi familia esté bien, sana y salva y que tengan los básicos cubiertos”.
Ella llegó a A Coruña en 2019. No huía directamente de lo que ocurría sino que perseguía su sueño de jugar al rugby, pero todo influyó. “Viví muchas experiencias horribles como persecuciones. A mí en una protesta casi me llevan detenida. Vi a gente pasar hambre, a niños morir de desnutrición. Todo eso me fue rompiendo poco a poco y no quería vivirlo más. Fui egoísta y vi que a través del deporte tenía esa posibilidad de irme y lo hice”.
El año pasado volvió a casa. “Estuve pasando un mes con mi familia”, recuerda. Le quedaron sentimientos contrapuestos. “Vi un país superrico que había pasado a ser pobre y que estaba destrozado por todos sitios”, comenta, “pero me quedo con lo cálida que es mi gente, la humanidad que tienen dentro y con cómo me recibieron”. En cuanto pueda, regresará. “No sé si para vivir, pero sí que tengo muchas ganas de ver si todo se soluciona”.

























