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La delgada línea que separó esta vez al Deportivo del éxito la marcó la oreja de Quagliata, en fuera de juego según delató el VAR (¿alguien se para a cotejar con tanta exactitud cuando se hace el pase previo?) antes de que Stoichkov mandase a la red el que debía ser el 1-2, quizás el gol de la victoria tras cuatro jornadas de ayuno. El caso es que el equipo empató en Las Palmas y nos quedamos en algo así como un sí, pero no. El resultado, descontextualizado, es bueno porque se arranca un punto en terreno de un rival por el ascenso que además no logra distanciarse en la tabla. Pero es menos bueno porque venimos de donde venimos. Y quizás todavía es peor porque el equipo no acaba de ofrecer todo lo que promete, quizás nunca lo haga y aún así siga peleando por dar el salto de categoría hasta el final. Ojalá.

El Dépor no acaba de convencer quizás porque se percibe que su margen para ofrecer mucho más de lo que da es demasiado amplio. El punto en Gran Canaria llega tras mostrar de nuevo dudas en defensa, huérfano de centrales dominantes sobre todo en el manejo ante los balones al área como el que exprimió Jesé para empatar ante la inacción de Noubi, que a día de hoy no semeja central con garantías, solidez y regularidad para pelear los puestos cabeceros de la tabla en Segunda División. Se rascó un empate después de que el equipo se abocase a colocarse en la trinchera por su incapacidad para juntar, una vez más, pases ante la presión rival y llevar el juego a campo contrario. Sumó el Deportivo en una nueva liza con Yeremay y Mella en la sombra, otrora revolucionarios, hoy soldaditos de un campo de batalla que no permite ese caos en el que tan bien se encuentran. “Fue un partido bastante táctico”, resolvió al final el dueño de la pizarra. No estaría de más que a Zipi y Zape les devolviesen la pelota.

Suma y sigue el Depor, que llega al final de la primera vuelta con 34 puntos y un déficit de seis respecto a la proyección estimada desde el club para festejar en primavera el salto de categoría sin abocarse al playoff, estancia en la que llegará al ecuador de la campaña. 80 es la cifra mágica, dicen. Hoy por hoy no parece que el equipo esté en condiciones de llegar a ella, en la búsqueda como está todavía de solucionar sus problemas en la retaguardia, llamar a la fluidez en la medular, activar a sus futbolistas más revoltosos y encontrar un delantero que marque diferencias. Casi nada. 

Pero aún con problemas y defectos también se exponen muchos valores y capacidades. Y mal que bien el equipo se mantiene en la pelea. En Las Palmas sufrió, salió indemne de situaciones límites como el penalti desviado por Ferllo y, al tiempo, compitió. Y en la cuenta final Antonio Hidalgo encontró sus “situaciones”, la del mano a mano que Stoichkov envió al cuerpo del portero y la que si embocó a la red, pero la oreja de Quagliata estaba en off-side. Pudo ganar, sí, pero no lo hubiese merecido. Pudo perder también, pero hubiese parecido un castigo excesivo. Sumó, pero es el segundo punto de los quince últimos que disputó. En realidad ese es el resumen de la primera vuelta: el equipo está cerca de la cumbre, parece que dispone de aperos para dar el salto al techo de la categoría. No encuentra la manera de hacerlo, pero seguimos divisando la cúspide.