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Tápate, que estás más guapa

No es que esta nueva edición de la Supercopa (de nuevo con acento árabe) me interesase especialmente pero teniendo en cuenta que el horario de Copa del Rey dependía de lo que hiciese el Atlético ante el Real Madrid decidí ponerme el partido de fondo mientras disfrutaba de mi día libre.

Estaba ya el encuentro en el tiempo añadido, con el Madrid a punto de rubricar su pase a la final, cuando la realización enfocaba a la grada. Se veía a dos mujeres, ataviadas con los colores de los merengues. Las dos llevaban sendos hiyab, un pañuelo que cubre la cabeza, el cuello y el pecho, pero deja el rostro visible de las mujeres musulmanas. Una de ellas llevaba una mascarilla quirúrgica, de esas con las que tanto nos familiarizamos en pandemia, que le cubría la boca y solo dejaba a la vista sus ojos y la otra se la había bajado a la altura del mentón y animaba.

La realización se detenía en estas dos seguidoras y podíamos ver como un steward se acercaba a las mujeres. Esta figura, presente en todos los partidos, es con la que se denomina a un auxiliar de seguridad y acomodador en el estadio. Se ocupa de la circulación de espectadores, control de multitudes, asistencia general y prevención de riesgos. Este pedía a la mujer que se ajustase la mascarilla para cubrir correctamente su rostro. Una orden que obedecía de forma inmediata.

Casi tan rápidamente como la velocidad con la que el realizador cortaba esa imagen y regresaba al partido, al que apenas le quedaban instantes para concluir ¿Qué problema hay en enseñar esa realidad? No entiendo cómo es posible cacarear y blanquear las virtudes de llevar el torneo a Arabia Saudí y ocultar algo que todos sabemos que impera: el desigual y discriminatorio trato que sufren las mujeres.

Que dicho sea de paso, tampoco eran mayoría en las gradas. Mi madre siempre me decía que cuando alguien no para de jactarse de lo bueno y maravilloso que es algo, ensalzando sus virtudes y lo increíble que es suele esconder en el fondo la creencia y el conocimiento de que no lo es tanto y por eso la persona en cuestión se esfuerza en vitorearlo.

Y al revés, cuando algo es excelente habla por sí mismo, sin necesidad de altavoces, ni de monos voladores. Por eso, chirría ver como tantos dirigentes del mundo del fútbol, muchas veces enfrentados en tantas cosas, se ponen de acuerdo para cantar las bondades de que la Supercopa se juegue en un país árabe.

“Amnistía Internacional reconoce que solo desde 2018 en Arabia Saudí tienen derecho a asistir a eventos deportivo. La policía religiosa, la mutawa, vigila que vistan de manera apropiada”

Los mismos que luego portan pancartas el 28 N o lanzan campañas de igualdad en el fútbol, declarándose feministas o férreos defensores de la profesionalización de la Liga F.

Somos testigos de como los principios se cambian cuando entran los petrodólares (y viendo el negocio, es normal que la pasta gansa compre voluntades y lobotomice mentes). Por eso, es complicado creer que se pueda defender una equiparación de derechos en el fútbol y a la vez mirar para otro lado cuando te llevas una Copa a un país en el que las mujeres son ciudadanas de segunda.

Amnistía Internacional recoge que solo desde el año 2018 las mujeres en Arabia Saudí tienen derecho a asistir a eventos deportivos. Además la policía religiosa del país, la mutawa, vigila que las mujeres vistan de “manera apropiada”. Porque tapada estás más guapa.